Muchas veces consideramos que hay cosas que conviene callar. Otras, creemos que lo mejor es decir la verdad. ¿Dónde está el límite de la sinceridad en las cuestiones del corazón?
La verdad muchas veces duele, pero seguro no mata...
Ser sincero a veces da miedo, implica responsabilidad y valentía. Pero también hay espacios que uno prefiere preservar. Y aquello de lo que no se habla puede necesitar de la mentira para ser encubierto.
En general, mentimos cuando consideramos que algo que hicimos, sentimos o pensamos debe permanecer oculto. Los motivos por los cuales “eso” no debe saberse son variados: quizá lo que nos ocurre esté mal visto, tal vez pueda lastimar a algún ser querido, ponernos al descubierto o en peligro. Generalmente, lo que sucede es que donde hay una mentira hay temor: miedo a ser reprobado por haber hecho algo inadecuado, a dañar a un otro, o a que algo se nos vuelva en contra. La mentira tiene relación con la ilusión, el engaño y la poca capacidad de tolerar con autenticidad aquello que nos pasa. Quizá por eso todas las personas algunas vez escondimos algo o nos resistimos a enfrentar la verdad. Por ello es bueno guardar la vara acusadora en el cajón.
De todos modos, a la larga o a la corta, las mentiras más "gordas" se descubren, y en ese caso y de acuerdo a la gravedad de los hechos que las generaron, pueden ser más destructivas que la verdad más cruda. La verdad tampoco es siempre la mejor solución. Muchas veces es preferible, simplemente callar. Hay verdades que pueden causar un dolor innecesario y a veces es mejor esperar a que llegue el momento oportuno para hablar con serenidad y muchísimo tacto.

"Por ello es bueno guardar la vara acusadora en el cajón"
ResponderEliminarMe quedo con esa frase!